martes, 9 de agosto de 2016

La tormenta

Después de aquella discusión salió fuera. Antes de salir, cogió su chubasquero y un paraguas aunque sabía que no lo iba a utilizar. Cerró la puerta de golpe y miró al cielo encapotado cuando le cayó una gota de lluvia en la mejilla. Se puso el chubasquero y empezó a caminar, adentrándose en el frondoso bosque. Mientras caminaba escuchaba el sonido de las hojas al ser pisadas. Respiraba profundamente notando la humedad en el ambiente. Llegó a un claro del bosque totalmente cubierto por una manta de hojas de colores otoñales. Dejó el paraguas apoyado en un árbol y se despreocupó de él tendiéndose suavemente sobre aquel lienzo formado por seres antes vivos, ahora inertes. Cerró los ojos escuchando a la naturaleza como nunca había hecho antes. Empezó a chispear y las gotas resbalaban por su helada tez. Ella sonrió. Estaba cansada de tantos materialismos y reglas. En ese instante se sentía tan libre como un pájaro emprendiendo su primer vuelo. Se levantó con cuidado apoyando ambas manos en la tierra mojada. Se quedó de pie observando sus manos las cuales habían quedado cubiertas por la esencia de la naturaleza. Comenzó a caminar de nuevo. Cerró los ojos recordando esa angustiosa disputa producida por el orgullo de dos jóvenes perdidos en un laberinto de pensamientos. Sintió un vuelco en el corazón que le hizo abrir los ojos. Se encontraba en frente del vacío, la muerte. Nunca la había visto antes hasta ese momento. Sintió respeto pero a la vez sensación de que si daba ese paso su dolor cesaría. Se quitó el chubasquero y sintiendo la lluvia por última vez, se dejó caer a los brazos de la oscuridad.




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